Estigma y prejuicio: los desafíos del TDAH en adultos
Al igual que ocurre con otros problemas de salud mental, las mayores barreras que enfrenta el adulto con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) son el prejuicio y el estigma. La demora en el diagnóstico hace que, muchas veces, los síntomas clásicos de desatención, impulsividad e hiperactividad se confundan con comportamientos inadecuados, como pereza, desinterés e incluso falta de compromiso. “Cuando descubrí el diagnóstico, muchos aspectos de mi vida comenzaron a tener sentido. La dificultad para recordar fechas especiales; la eterna carrera contra el tiempo para terminar tareas; la dificultad para administrar dinero y la impulsividad que me causaron varios problemas de relación, tanto personales como en el trabajo, tenían una explicación. Pero, para mucha gente que convive conmigo, esto es visto, hasta hoy, como una excusa para mis errores”, comenta un paciente diagnosticado con el problema a los 45 años.
El TDAH es un trastorno neurodesarrollativo de la región frontal del cerebro, que es responsable de la ejecución de tareas, planificación, organización, además de las emociones. Se estima que entre el 5% y el 8% de la población mundial vive con el trastorno. Entre los adultos, la estimación de la Academia Americana de Psiquiatría es que el 2,5% tiene el trastorno.
El diagnóstico es clínico y el tratamiento incluye medicación y psicoterapia. “No hay cura para el TDAH, los casos de remisión son raros y muy probablemente la persona necesitará usar medicación por toda la vida, ese es uno de los principales estigmas. La buena noticia es que, con el tratamiento adecuado, la persona puede llevar una vida normal”, afirma el psicoanalista, médico posgraduado en Psiquiatría y miembro de la Asociación Brasileña de Médicos con Expertise en Posgrado (Abramepo), Fernando Negri.
El médico explica que el apoyo y participación de la familia son fundamentales para el éxito del tratamiento. “Es necesario hacer lo que llamo psicoeducación de la familia al inicio del tratamiento, que es mostrar lo que realmente significa tener TDAH. Esta información inicial ayuda a cambiar la forma en que las personas más cercanas ven el trastorno. Los pacientes medicados relatan un gran cambio en la vida, como si la medicación removiera los síntomas y los hiciera más productivos, concentrados y organizados. Esto mejora las relaciones familiares, profesionales e incluso con los amigos”, comenta.
Ansiedad y depresión
Superada esa etapa inicial, es necesario definir el tratamiento, y esto puede ser una tarea delicada, ya que, en muchos casos, el TDAH está relacionado con otras condiciones clínicas, como la ansiedad, la depresión y el trastorno bipolar. “Es indispensable un diagnóstico completo de la salud física y mental del paciente porque, muchas veces, será necesario combinar medicamentos para tratar dos o más condiciones asociadas, como ansiedad, depresión y trastorno bipolar, lo que hace la tarea aún más desafiante. Elegir la medicación correcta es determinante para el éxito del tratamiento”, explica.
Cuidados coadyuvantes
Al igual que la psicoterapia, algunos hábitos pueden contribuir al éxito del tratamiento. La práctica de actividad física y la alimentación adecuada son indispensables para controlar los niveles de ansiedad y, por lo tanto, pueden ayudar también en el tratamiento del TDAH. “Un ambiente organizado y con menos estímulos ayuda en la concentración para estudiar o trabajar. Usar listas de tareas y recordatorios en el celular son otras opciones que ayudan a organizar las tareas del día y a no olvidar compromisos y fechas especiales. Son pequeños ajustes que, combinados con todo lo demás, pueden tener efecto”, completa.
Abrangente
Según la Asociación Brasileña del Déficit de Atención (ABDA), cerca de 2 millones de brasileños sufren los síntomas del TDAH. Estas personas tienen un nivel bajo de dopamina, neurotransmisor que controla habilidades cognitivas de memoria, atención, ansiedad y humor. Según la ABDA, las comorbilidades asociadas, como ansiedad y depresión, afectan al 70% de los niños con el trastorno.